Para todo franciscano, para cualquiera que se haya acercado alguna vez a Francisco, la noche del 3 al 4 de oc-tubre tiene resonancias especiales.


En esa noche de 1226 este hombre señero culminaba su aventura evangélica. Estaba en la Porciúncula, echado en tierra, fuertemente marcado por el dolor, apurando la pobre-za hasta el extremo, y, al mismo tiempo, se mostraba solíci-to, bendiciendo feliz a sus hermanos, congregándolos en torno a sí sin discriminación alguna, tierno y amistoso con todos.


Quienes lo hemos conocido lo sabemos: se fue no para abandonarnos a quienes hemos buscado su luz y su ampa-ro, sino para penetrar más íntima y profundamente en nuestro corazón, con el afán de guiarnos y apoyarnos des-de dentro.


Con esta ocasión la ESEF felicita sentidamente a todos sus amigos y conocidos.